Puede resultar extraño tratar sobre el nombre vasco de la capital de Gipuzkoa, Donostia, en español San Sebastián, pero hay quién pone en duda la equivalencia de los dos nombres de dicha ciudad, el vasco y el español, como se puede leer en el texto de Jabi Goitia: posible etimología de Donostia.
En resumen, propone que Donostia sería duna + oste + -a. En el texto menciona un nombre tratado en este blog, Donustebia, pero el objetivo principal es Donostia.
El examen de la propuesta etimológica queda para el final, ya que en el texto mencionado hay varias frases que merecen comentario. Así, escribe en la parte inicial "Vaya por delante la afirmación de que los hagiónimos son escasísimos en España y que la mayor parte de lo que parecen santos y santas, no son tales, sino la consecuencia del “rebautizado” de numerosos lugares que ya tenían nombres parecidos a los que resultaron de la aplicación del cristianismo en los últimos dieciocho siglos".
De hecho, los topónimos con nombre de santo (o santa) son muy numerosos, como también lo son las iglesias, ermitas y monasterios que han dado nombre a muchísimos topónimos, lo que resulta evidente y, por tanto, no hay ninguna necesidad de “rebautizado” masivo de topónimos. Cuando se propone algo que va contra la evidencia conocida debería de por lo menos ofrecer datos que avalen dicha posición. Hasta que no haya un cúmulo de pruebas que indique lo contrario, lo lógico será pensar que en muchos de los casos, topónimos compuestos por hagiónimos (nombres de santos) suceden frecuentemente a edificios religiosos que fueron utilizados para nombrar el lugar en que se encontraban.
Otro comentario más: "Esto quiere decir que lo más probable es que la parte final de Donostia, “ostia”, no sea un capricho ni esa evolución fantástica que quieren los académicos y que desde “San Sebastián” en doce pasos a partir de trasplantes y evoluciones regladas, llega a “Donostia” por el arte del birle birloque, como si las gentes fueran estúpidas y se pudiera cambiar un nombre de referencia a otra cosa distinta col la facilidad que ellos hacen cábalas con los sonidos."
De hecho, desde *Donne Sebastian(e) hasta Donostia no hay necesidad de doce pasos, tampoco se partiría desde San Sebastián. Por otra parte, es frecuente que los nombres largos sean acortados en el uso local, como Arespakotxaga (B) que oralmente es Aspotxa; Arrigorriaga, Arguia; en Álava Monasterioguren, Mostrun. En Navarra Otsagabia, Otsagi. Los numerosos ejemplos se encuentran tanto en los nombres de pueblos como en microtopónimos, lo que muestra que está equivocado. Más aún, al ser Donostia la forma vasca y, por tanto, no oficial, el nombre pudo ir cambiando a lo largo de los siglos, ya que era una forma casi exclusivamente oral.
Queda por analizar la etimología alternativa propuesta: duna + oste + -a. Si se busca en el Diccionario General Vasco duna es una palabra que no ha tenido prácticamente ningún uso. Se recoge un solo autor que la usa, Agustin Anabitarte, en el siglo XX. Esto muestra que la palabra no tiene ninguna tradición en lengua vasca y segumente Anabitarte la tomó del español. De hecho, cualquiera que consulte un diccionario vasco observará que el número de páginas dedicadas a palabras con d inicial son escasas y muchas de esas palabras son préstamos, como duna. El siguiente elemento sería oste, "un precursor del “post” latino", aunque la evolución mas sencilla sería: post > *poste > *boste > oste, donde los cambios que ocurren son los normales en préstamos latinos. Es un hecho bien conocido que hubo un imperio romano que se extendió por la mayor parte de Europa occidental, ocupando también el País Vasco, lo que explica que la dirección de los préstamos sea desde el latín al euskera. En el caso de oste, la forma latina comienza con un fonema, una oclusiva, que se perdió en euskera, un hecho bastante común.
Por último, el final en -a, que sería el artículo vasco. Aunque hace tiempo que se popularizó la forma Donosti, es bien sabido que se trata de un fenómeno reciente, ya que no faltan testimonios que muestran que la -a final no se trataba como el artículo vasco, como en la conocida canción "Donostiako hiru damatxo", que muestra que la vocal final se consideraba parte del nombre. También hay que añadir que la forma sin artículo debería de ser *Donoste, según el análisis de J. Goitia.
Acaba su artículo con "Otro día nos entretenemos con san Sebastián", donde se puede suponer que el conocido santo llamado San Sebastián no tendrá nada que ver, así como tampoco los numerosos topónimos derivados del nombre del conocido santo.
En cualquier ámbito de la ciencia es bienvenida la crítica, donde lo que se supone conocido es reexaminado para poder corregir y completar el conocimiento acumulado. Pero para emprender dicha tarea es necesario primero un buen conocimiento del objeto de la crítica y en la crítica a la conocida etimología de Donostia (y de San Sebastián, según parece) faltan inclusos los rudimentos de la ciencia criticada.
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