Por tanto, aunque no haya ningún obstáculo desde el ámbito etimológico, son de agradecer nuevos testimonios que enriquezcan el corpus onomástico, aunque sean toponímicos.
Ese sería el caso de Apalasoloa, que como muchos otros topónimos alaveses aparece recogido en el libro de G. Lopez de Gereñu Toponimia alavesa:
"APALASOLOA, 1707, labrantío en Arriaga".No es, a tenor de ese testimonio único, un topónimo que cuente con documentación muy antigua, ya que ha cumplido recientemente el tercer siglo, pero seguramente es mucho más antiguo, ya que el antropónimo Apala no llegó al final de la Edad Media.
En cuanto al análisis etimológico, estaría formado con el antropónimo Apala más el nombre solo 'campo sembrado' y, por último, el artículo -a.
Apalasoloa es otra muestra del uso antroponímico de Apala y también muestra que Apala fue conocido en Álava.
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